Robos y misterios de la Copa Jules Rimet

Desde la primera edición celebrada en Uruguay 1930, al Campeón del Mundo se le entrega una preciosa Copa de oro macizo. Aquel primer trofeo fue diseñado por el francés Abel Lafleur que creó era una estatuilla de la Diosa griega Victoria que pesaba 4 kilos (1,8 de oro).

A partir de 1948 pasó a llamarse la Copa Jules Rimet (en homenaje a su creador). En 1970, Brasil se hizo con 3 entorchados consecutivos y ganó el trofeo en propiedad. Se decidió entonces crear uno nuevo, que se entregó por primera vez en el Mundial de Alemania 1974 y que sigue vigente hasta ahora. La nueva es una obra del italiano Silivio Gazaaniga y, aunque también representa una victoria alada, esta sostiene el mundo sobre su cabeza.

 

Un tesoro deseado por los Nazis alemanes

Copa Jules RimetEn 1939 y con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la Copa Mundial se convirtió en un tesoro deseado por los Nazis. Tras los dos títulos consecutivos de Italia (1934 y 1938), el galardón se encontraba en la caja fuerte de un banco de Roma.

Pero el vicepresidente de la Federación italiana, el señor Ottorino Barassi, sospechaba que el trofeo iba a ser asaltado y lo retiró en secreto. Barassi lo llevó a su casa de Piazza Adriana y lo escondió debajo de la cama en una simple caja de zapatos. En 1941, la Gestapo se presentó en su casa para preguntar por la Copa. El directivo negó conocer su paradero y tuvo que mantener la compostura cuando registraron su casa. Milagrosamente no miraron debajo de la cama ni en aquella caja de zapatos.

La Copa estuvo en manos de Barassi hasta 1943, cuando volvió a manos de la federación italiana. Primero pasó por las manos del abogado Giovanni Mauro y después de su amigo, el exfutbolista Aldo Cevenni. Cuando cesó la guerra la Copa regresó intacta a la FIFA, que ya había decidido rebautizarla para el Mundial de Brasil de 1950.

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Inglaterra pierde la Copa…y un perro ¡La encuentra!

Todo estaba listo para celebrar el Mundial de Inglaterra en 1966 cuando cuatro meses antes…robaron la Copa. El trofeo Jules Rimet desapareció un domingo 20 de marzo mientras era expuesto en el Westminster´s Centrall Hall  de Londres. El entonces presidente de la FIFA, Stanley Rous, había aceptado la cesión de la estatuilla. La única condición era que fuese vigilada las 24 horas y fuera asegurada por 30.000 libras.

Pero la seguridad no fue tan minuciosa y algún aprovechó para llevarse la Copa sin dejar rastro. La noticia corrió como la pólvora y fue portada de todos los medios internacionales. La federación inglesa, la policía y el gobierno inglés se estaban convirtiendo en el hazmerreír del mundo entero.

Tras varios días de búsqueda, en Scotalnd Yard se recibió una carta del supuesto ladrón. Pedía 15.000 libras como rescate, en billetes usados de una y cinco libras. A los pocos días llega una nueva carta, esta vez firmada por un tal Jackson y que rectificaba a la anterior. Decía que la entrega fuese mejor en billetes de cinco y diez libras. La policía sigue la pista de esta segunda carta y detiene a un hombre de 47 años. Pero el autor de la carta resulta ser un simple trabajador de muelles que quería aprovecharse de la situación.

Los días siguieron pasando y la Copa no aparecía. Sin embargo un 29 de marzo un hombre llamado David Corbett entrega en comisaría un paquete “Agentes, creo que he encontrado la Copa del Mundo”.  La policía comprobó que efectivamente, se trababa de la auténtica Copa Jules Rimet.

Corbett estaba paseando a su perro Pickles por las calles del sur del Londres cuando el canino se detuvo frente a unos arbustos. Pickles comenzó a olfatear en aquel seto con intensidad hasta llamar la atención de su dueño. Corbett se acercó al paquete temeroso de que fuese una bomba pero tras romper la caja vio que acababa de encontrar la Copa del Mundo.

Tras investigar el caso y ver que la versión de Corbett era cierta, Pickles se convirtió en un héroe nacional. El perrito recibió varias condecoraciones. Fue nombrado “el perro del año” y recibió la medalla de plata de la Liga de Defensa Canina. Además se convirtió en una estrella del cine, protagonizando una película de detectives. Hasta una marca de comida para perros patrocinó su imagen, premiándole con un cheque de comida gratis a perpetuidad. Cuando Inglaterra ganó el Mundial, Corbett y su perrito Pickles fueron invitados al convite de la celebración.

 

Robo y fundición de la Copa Jules Rimet

Brasil acomodó la antigua Copa Jules Rimet en su sede de la Federación brasileña. La depósito a en una urna hecha de cristal antibalas y escoltada por varios vigilantes de seguridad. La Copa parecía estar a buen recaudo pero hubo un detalle que les escapó a los brasileños. La urna estaba pegada a una pared con cinta aislante, de modo que bastaba con despegarla para robarla. De esa manera tan simple se llevó el preciado trofeo una banda de maleantes en la noche del 20 de diciembre de 1983.

jules-rimet-copa-mundial-brasilAquella noche, dos ladrones entraron a la sede brasileña y apuntaron al vigilante de seguridad con sus pistolas. El amenazado trabajador les condujo a la sala donde estaba la Copa, que fue robada en cuestión de minutos. Los “chorizos” retiraron la cinta aislante, levantaron el vidrio antibalas y se llevaron el trofeo.

El líder del golpe era un argentino llamado Juan Carlos Hernández, que se dedicaba a traficar con oro…entre otras cosas. Al conocer la facilidad con la que podía robar la Copa, Hernández reclutó a dos rateros para que le hiciera el trabajo sucio. Se llamaban José Luiz Vieira da Sila, alias Luiz Bigode, y Francisco José Rocha Rivera, alias Chico Barbudo.

Ellos se encargaron de robarla y llevarla al taller de su jefe esa misma noche. El preciado trofeo fue troceado y fundido al instante. La Copa Jules Rimet dejó de existir y la federación brasileña tuvo que encargar una réplica por 254 mil libras esterlinas. Poco tiempo después la banda fue juzgada y condenada, aunque nunca se pudo probar que fuesen los responsables de su fundición.

El investigador del caso, Murilo Miguel, no tenía dudas de que Hernández era culpable. “Juan Carlos Hernández era un tipo muy astuto, fingía no saber nada, pero cuando le dije que para los brasileños era una bofetada que un argentino haya convertido a la copa en lingotes de oro me miró con una sonrisa que todavía recuerdo. Para mí fue como una confesión”

 

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