Skip links
Published on: Leyendas

Franco Baresi: el defensa que Cambió el Fútbol

Franco Baresi fue rechazado por ser demasiado pequeño, descendió dos veces con el Milan y permaneció fiel al club cuando abandonarlo parecía la única salida. Pero sobre todo, convirtió la defensa en una forma de inteligencia, anticipándose a los mejores delanteros de su época y liderando desde atrás a uno de los equipos más revolucionarios de la historia.

Como capitán del Milan de Sacchi y Capello, Baresi perfeccionó la trampa del fuera de juego, levantó tres Copas de Europa y cambió para siempre la manera de entender el papel del líbero.

Hoy, en Memorias del Fútbol, hablamos del hombre que cambió el fútbol desde la defensa: la gran leyenda de Franco Baresi.

 

Franco Baresi Cambió el Fútbol

 

La tragedia familiar de los Baresi

Franchino Baresi nació el 8 de mayo de 1960 en Travagliato, una pequeña localidad de la provincia de Brescia situada a unos cien kilómetros de Milán.

Creció en el seno de una familia humilde y numerosa, rodeado de campos y animales. Allí comenzó a jugar al fútbol junto a su hermano Giuseppe, más conocido como Beppe, que era dos años mayor que él.

Pero su infancia quedó marcada por la tragedia. Cuando Franco todavía era adolescente, su madre Regina falleció a causa de una enfermedad. Poco después, su padre Terzo también perdió la vida y los hermanos Baresi quedaron huérfanos. Los mayores de la familia tuvieron que hacerse cargo de los pequeños y el fútbol se convirtió en el principal refugio de Franco y Giuseppe.

Los dos hermanos compartían una obsesión, pero sus caminos estaban destinados a separarse. Beppe era más alto, más fuerte y tenía un físico mucho más desarrollado. Franco, en cambio, era pequeño, delgado y aparentemente frágil. Una diferencia que estuvo a punto de impedirle entrar en el fútbol profesional.

Rechazado por el Inter

Giuseppe Baresi se presentó a una prueba con el Inter y convenció inmediatamente a sus entrenadores. El club nerazzurro vio en él todas las cualidades necesarias para convertirse en futbolista. Franco intentó seguir sus pasos, pero fue rechazado por el club interista.  Los técnicos del Inter consideraron que era demasiado pequeño y que no estaba suficientemente desarrollado para competir al máximo nivel. Lo descartaron varias veces y apostaron únicamente por su hermano.

Franco también probó suerte lejos de Milán, pero finalmente recibió una oportunidad en las categorías inferiores del AC Milan. El club rossonero decidió mirar más allá de su físico y descubrió en él algo que no podía medirse con una báscula: una inteligencia defensiva extraordinaria.

Así comenzó una carrera paralela y una de las grandes rivalidades familiares del fútbol. Giuseppe se convirtió en una leyenda del Inter y Franco terminó siendo el mayor símbolo del Milan. Durante varios años, ambos fueron los capitanes de los dos gigantes que compartían San Siro. Antes de cada Derbi della Madonnina intercambiaban banderines en el centro del campo y después competían como si no se conocieran.

Fuera del estadio eran hermanos. Pero dentro de él, eran enemigos.

 

El nacimiento de un líder

Franco Baresi debutó con el primer equipo del Milan el 23 de abril de 1978, cuando todavía tenía diecisiete años. Un año después ya era titular y formó parte del equipo que conquistó el Scudetto de 1979, el décimo campeonato italiano de la historia rossonera. Parecía el comienzo perfecto para una carrera llena de éxitos, pero la realidad fue muy diferente.

El Milan entró en una de las etapas más oscuras de su historia. En 1980, el club fue descendido administrativamente a la Serie B por su implicación en el escándalo del Totonero y, después de regresar a Primera, volvió a descender en 1982, esta vez por sus malos resultados deportivos.

Uno de los clubes más grandes de Italia se había convertido en una institución en crisis. Las estrellas abandonaron el equipo y la gloria europea parecía un recuerdo lejano. Baresi fue tentado por todos los grandes de Italia, sin embargo, Franco decidió quedarse. Baresi ayudó al club a regresar a la Serie A y con solo 22 años fue nombrado como el capitán del equipo.

Aún era muy joven, pero ya jugaba con la autoridad de un veterano. Franco no necesitaba gritar constantemente ni realizar entradas violentas. Su liderazgo procedía de su forma de entender el juego y de una personalidad que transmitía seguridad a todos sus compañeros.

 

El líbero que jugaba en el futuro

Baresi actuaba principalmente como líbero, una posición que le permitía situarse por detrás de los marcadores, corregir sus errores e iniciar las jugadas desde la defensa.

Pero definirlo únicamente como un líbero sería quedarse corto. Franco era capaz de anticiparse al delantero, recuperar el balón sin cometer falta y salir jugando con una precisión impropia de un defensa. Podía romper líneas conduciendo, lanzar pases verticales y transformar una acción defensiva en el comienzo de un ataque.

Medía alrededor de un metro y setenta y seis, pero compensaba su falta de altura con una lectura del juego privilegiada y una anticipación impecable, interpretando el pase antes de que se produjera. Su entrada deslizante era limpia y precisa y su colocación le permitía dominar espacios enormes. Pero lo que más repercutía en el equipo era su personalidad y liderazgo, ya que con cada movimiento ejecutaba una orden colectiva.

 

La revolución de Arrigo Sacchi

La llegada de Berlusconi a la presidencia del Milan cambió la realidad del club, que pasó a ser una referencia en el Calcio y Europa con los mejores jugadores del mundo. Arrigo Sacchi transformó el equipo con sus innovadoras ideas y Baresi se convirtió en su líder desde dentro del campo. Con él, el equipo comenzó a defender hacía delante, presionaba en campo contrario y reducía los espacios.

Junto a Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini, Baresi formó una de las mejores defensas de la historia, a la que lideraba para adelantar la defensa y provocar el offside de los rivales. Los cuatro se movían como una sola unidad y perfeccionaron la trampa del fuera de juego para desesperación de los equipos contrarios. Baresi dirigía cada movimiento. Avanzaba varios metros en el momento preciso y obligaba a sus compañeros a seguirle con un solo grito. Un paso demasiado tarde podía dejar solo al delantero, pero la coordinación del Milan era tan perfecta, que obligó a la FIFA a cambiar las normas y crear una Ley Anti-Milan, por la cual se estableció que si el delantero estaba en la misma línea que los dos últimos defensas no se consideraba offside.

 

Del Milan de Sacchi al de Capello

En 1988, los rossoneri conquistaron su primer Scudetto en nueve años y la temporada siguiente, además de volver a ganar el Scudetto derribaron Europa, derrotando al Real Madrid con un legendario 5-0 en semifinales y levantando la orejona tras aplastar al Steaua de Bucarest por 4-0 en la final disputada en Barcelona.

Aquel Milan, se convirtió en Bicampeón europeo tras derrotar al Benfica en la final de 1991 y, tras la marcha de Sacchi, reconfiguró otro equipazo bajo las órdenes de Capello. Con él en el banquillo los rossoneri se volvieron todavía más sólidos. Los inmortales se convirtieron en los invencibles y en 1992 el Milan se proclamó Campeón de Serie A sin perder ni un solo partido, permaneciendo 58 jornadas invicto y encajando únicamente 15 goles en 34 partidos.

El Milan ganó 3 Scudettos en 4 años y en 1994 regresó a la final de la Copa de Europa. Los de Capello no partían como favoritos ante el Barcelona de Cruyff pero los rossoneri acabaron pasando por encima del Dream Team en Atenas. Baresi no pudo jugar aquella noche en Atenas, pero fue el encargado de levantar la copa. Era su tercera Copa de Europa en cinco años y la confirmación de que el Milan había construido una auténtica dinastía.

Campeón del mundo sin jugar

La historia de Baresi con la selección italiana fue mucho más complicada. Formó parte de la convocatoria que conquistó el Mundial de España 1982, aunque no disputó ningún minuto. El seleccionador Enzo Bearzot prefería a defensores más experimentados y Franco tuvo que disfritar del éxito desde el banquillo.

Italia fue campeona del mundo, pero Baresi todavía no era el líder de la Azzurra.  Su relación con Bearzot se deterioró durante los años siguientes y mantuvieron un conflicto que terminó apartándolo del Mundial de México 1986. El técnico quería utilizarlo en el centro del campo, mientras que Franco defendía que su posición estaba en la defensa.

Su regreso llegó definitivamente con Azeglio Vicini, quién le convocó para la Eurocopa 1988 y para el Mundial de Italia 90. En aquella Copa del Mundo, Baresi fue uno de los grandes pilares de una selección que solo encajó dos goles en todo el torneo, y que se quedó a las puertas de la final tras perder en la tanda de penaltis con Argentina.  Italia tuvo que conformarse con el tercer puesto y Baresi tuvo que esperar otros cuatro años para intentar ganar el Mundial como protagonista.

 

El milagro de Estados Unidos 1994

Franco llegó al Mundial de Estados Unidos como capitán de Italia y líder de la defensa. Tenía treinta y cuatro años y sabía que aquella sería probablemente su última oportunidad de jugar una Copa del Mundo. Jugó el primer partido que Italia perdió ante Irlanda, pero durante el segundo duelo de la fase de grupos, frente a Noruega, sufrió una lesión en la rodilla. Baresi se había roto el menisco y  tenía que operarse de inmediato. Para la mayoría de los futbolistas, el torneo habría terminado en ese momento. Pero Baresi se negó a aceptarlo.

Mientras Italia avanzaba series con fortuna, su capitán inició una recuperación a contrarreloj. Nada más salir del quirófano comenzó a trabajar para llegar a una hipotética final y el destino quiso que la Azzurra fuese pasando rondas y le dieran la oportunidad de presentarse en el partido decisivo de Nueva York. Veinticinco días después de ser intervenido, Baresi era titular en la gran final frente a Brasil. El capitán italiano apenas había podido entrenar con el equipo, pero era tan importante para su equipo que no solo jugó desde el inicio, sino que se convirtió en el mejor jugador de su equipo y disputó el partido completo, los 90 minutos del tiempo reglamentario y los 30 del tiempo extra.

Baresi hizo un partido memorable frenando a Bebeto y a Romário y Brasil se quedó sin marcar en un partido que acabó 0-0 se tuvo que decidir en la tanda de penaltis.  El capitán italiano fue el encargado de lanzar el primero, pero el esférico se fue por encima del larguero en uno de los momentos más dolorosos de su carrera. Los fallos de Massaro y Roberto Baggio acabaron proclamando a Brasil como campeona del mundo pero el planeta presenció como un jugador de 34 años había realizado uno de los mejores partidos de su vida tras una operación de rodilla. Si dicen que Roberto Baggio murió de pie, Baresi cerró su carrera internacional inmortalizado como una Leyenda, quedando . Con la selección Azzurri disputó 81 encuentros, marcó 1 gol y recorrió todos los escalones del podio mundialista: campeón en 1982, tercero en 1990 y subcampeón en 1994.

 

El final del eterno capitán

Después del Mundial, Baresi continuó defendiendo al Milan durante tres temporadas más. Su cuerpo ya no respondía como antes, pero su inteligencia le permitía seguir compitiendo al más alto nivel. No necesitaba correr más que los demás porque continuaba pensando más rápido que todos sus rivales.

El 28 de octubre de 1997 puso fin definitivamente a su carrera. Se retiró después de haber disputado 719 partidos oficiales y marcado 33 goles con la camiseta del Milan. Durante veinte temporadas conquistó seis Scudetti, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, tres Supercopas de Europa y cuatro Supercopas de Italia.

Aunque su trayectoria no fue recompensada con el Balón de Oro, fue nominado en varias ocasiones y quedó segundo en 1989 por detrás de su compañero Marco Van Basten. De hecho, en Memorias del Fútbol hicimos un vídeo en el que comprobamos que si el balón de oro se entregase por posiciones, Baresi habría ganado dos Balones de Oro como el mejor defensa del año.

Pero el valor de Baresi va más allá de los premios individuales, desde la defensa se convirtió en un símbolo del Milan, con el que permaneció durante sus descensos y terminó capitaneando al mejor equipo del mundo. Conoció la Serie B, las transformó las noches más oscuras de San Siro por los títulos más importantes de Europa.

 

El dorsal 6 convertido en leyenda

El 28 de octubre de 1997 se le hizo un partido homenaje repleto de estrellas en el que se Berlusconi le entregó un Balón de Oro simbólico y donde el estadio de San Siro se despidió de su capitano. Aquella noche el Milan retiró el dorsal número 6 para siempre...y desde entonces ningún otro futbolista puede vestir esa camiseta. No era simplemente un homenaje a sus títulos, sino a todo lo que Franco representaba. Lealtad, inteligencia, elegancia, disciplina y una forma de entender la defensa que había cambiado el fútbol.

Baresi demostró que un zaguero no necesitaba ser un gigante para dominar a los delanteros. Enseñó que defender no consistía únicamente en destruir, sino también en interpretar, anticipar y construir. Fue un líbero del pasado que parecía jugar en el futuro y que transformó el deporte con una forma de entender el juego que lo revolucionó por completo.

El 31 de julio de 2026, el fútbol italiano perdió a uno de sus mayores símbolos. Baresi falleció por un edema pulmunar y su fallecimiento cerró la vida de un hombre que había dedicado prácticamente toda su existencia al Milan, y que pasará a las Memorias del fútbol, como el eterno capitán que convirtió la defensa en un arte.

Leave a comment