La Lazio de las pistolas que ganó un Scudetto (1974)

A principios de los años 70 se gestó uno de los equipos más peculiares de la historia del fútbol. La Lazio militaba por entonces en la Serie B pero pronto se convertiría en uno de los mejores equipos de Italia.  Aquella Lazio era un “Grupo Salvaje” en el que convivían dos bandos enfrentados pero que compartían una marcada ideología fascista. La guerra en el vestuario llegó a tal punto, que los futbolistas se cambiaban en vestuarios diferentes y ningún jugador podía entrar al del grupo rival. La cosa se puso más seria cuando los futbolistas comenzaron a llevar armas a los entrenamientos y concentraciones. Había nacido “La Lazio de las pistolas”.

 

Un vestuario lleno de gangsters

Esta historia parece más digna de un western o de una película de gangsters pero la realidad casi siempre supera a la ficción. Para poner la historia en contexto hay que recordar la delicada situación política del país transalpino, inmerso en los llamados anni di piombo” (años de plomo). La insatisfacción política derivó en violencia callejera y en la formación de grupos organizados (de extrema izquierda/derecha) que usaron el terrorismo para intervenir en el futuro del gobierno. En este clima de confusión, la inseguridad era total por entonces en las calles de Italia.

Coincidiendo con este desalentador ambiente estaba floreciendo uno de los mejores Lazio de la historia. Allí jugaban prometedores jugadores como Luciano Re Cicconi, Sergio Petrelli, Felice Pulici, Pino Wilson o el histórico ariete Giorgio Chinaglia. Estos dos últimos compartían origen británico y una profunda amistad. Eran los dos jugadores más veteranos del equipo y lideraban el grupo a su antojo hasta la llegada de Luigi Martini. Aquel lateral llegó procedente del Livorno y pronto se sublevó ante el poder de Chinaglia en el vestuario.

Los roces entre ambos se fueron agravando hasta que el equipo se fue dividiendo en dos marcadas facciones: los que estaban con Martini y los que estaban con Chinaglia. Las rencillas eran constantes y los partidillos de los entrenamientos eran “la guerra”. Ambos bandos se cambiaban en vestuarios diferentes pero cuando llegaba el domingo “eramos uno para todos y todos para uno”– según reconoce Martini en el excepcional reportaje de Informe Robinson.

Pero aquella competitividad en los entrenamientos fortaleció al grupo, que de la mano del técnico Tommaso Maestrelli experimentó un ascenso meteórico.  En la temporada 71-72 la Lazio subió a la Serie A y para la temporada siguiente ya estaba luchando por el campeonato (3º). Aquel particular grupo de futbolistas se volvió eterno en la 73-74 cuando logró el primer Scudetto de la historia del club.

 

La Lazio de las pistolas: un equipo armada hasta los dientes

Pero aquel “grupo de salvajes” no será recordado por sus triunfos sino por los innumerables altercados que protagonizaron dentro y fuera de los terrenos de juego. Tras un partido de UEFA ante el Sion, Martini y Chinaglia tuvieron su altercado más severo. El delantero había estado reclamando cambios a Maestrelli durante toda la segunda parte y a Martini le pareció una falta de respeto para sus compañeros. Cuando llegó al vestuario Martini partió una botella al más puro estilo western y fue a por Chinaglia como un poseso. Por suerte, sus compañeros intercedieron y en unos minutos todo se había calmado.

Ante la tensión que se vivía en el país…y en el vestuario celeste…los jugadores comenzaron ¡A llevar armas! El primero que trajo una pistola fue Chinaglia pero días más tarde casi todos los jugadores llevaban un arma más potente al entrenamiento.

giorgio_chinaglia lazioAquella peligrosa costumbre se extendió a las concentraciones. En ellas los futbolistas apagaban las luces de la habitación a disparos, montaban campos de tiro improvisados o disparaban a los pies de los más jóvenes para ver si realmente merecían ser jugadores de la Lazio. La “broma” se alargó hasta que uno de los proyectiles impactó en un centro de sordomudos y casi acaba con la vida de un interno.

Pero dentro del campo aquella Lazio también protagonizó un episodio dantesco. Fue en una eliminatoria de la Copa de la UEFA ante el Ipswich Town inglés. Los italianos habían caído por un estrepitoso 4-0 en Inglaterra y salieron al Olímpico de Roma con muchas ganas de remontar.  La Lazio marcó dos goles en la primera parte y llegó al descanso con opciones de remontada.

Al comienzo de la segunda mitad los locales ya estaban cantando el tercer gol cuando un defensor inglés evitó descaradamente el gol con la mano. El árbitro (que según los jugadores de la Lazio olía a alcohol y no estaba en condiciones de dirigir aquel partido) no pitó penalti y rápidamente fue rodeado por los romanos. En medio gritos e insultos al árbitro, incluso un jugador local soltó una patada al colegiado. El espectáculo fue bochornoso y la UEFA castigo a la Lazio sin poder jugar competiciones europeas durante un año.

 

La maldición de los salvajes

Aquel vestuario solo estaba unido por los colores de la camiseta y por su admiración a Tommaso Maestrelli. El técnico se erigió en el guía espiritual del equipo e intercedió para apaciguar las aguas en los momentos más delicados. Para Chinaglia era como un padre. De hecho, a veces pasaba la noche en la casa de su entrenador con el que se sentía protegido.

Pero tras el Scudetto de 1974 aquella Lazio caería en desgracia. Primero fue Maestrelli, que cayó gravemente enfermo. Un cáncer de hígado terminó con la vida del entrenador en diciembre de 1976. Para entonces ya no estaba Chinaglia, que regresó desde Estados Unidos para el funeral de su “padre” deportivo. El polémico delantero se acababa de marchar al New York Cosmos, que le hizo una oferta que sedujo a su mujer (de origen estadounidense). Aquel vestuario ya no era lo mismo sin él y hasta la facción de Martini echaba de menos a su pendenciero compañero. Sin Chinaglia y sin Maestrelli, Wilson y Re Cecconi se convirtieron en los líderes de un equipo sumido en depresión.

Luciano Re Cicconi LazioSolo un mes después otra desgracia asolaría a la Lazio de las pistolas. Re Cecconi (posiblemente la persona más serena y menos problemática del equipo) acompañó a su compañero Pietro Ghedin a un joyería. Según cuenta la versión oficial, Re Cecconi quiso hacer una broma y con las manos en los bolsillos dijo “Todos quietos, esto es un atraco”. El joyero, asustado, se dio la vuelta y sin pensarlo cogió su arma para disparar a Re Cecconi y acabar con su vida.

A día de hoy pocos creen que esa versión sea real. En una etapa tan convulsa y conociendo su carácter nadie cree que Re Cecconi fuese capaz de hacer una broma semejante. Dicen que las armas las carga el diablo y después de tantas bromas, de la manera más estúpida, una pistola mató al último emblema de la Lazio de las pistolas. La paradoja es que, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, Re Cecconi no había empuñado un arma en su vida.

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