Hubo un tiempo en el que Brasil creyó haber encontrado al sucesor definitivo de Pelé. Un futbolista capaz de devolver a la Canarinha al trono del fútbol mundial. Rápido, descarado, imprevisible y con un talento que parecía no tener límites. Neymar no solo era la gran esperanza de una selección, sino el jugador llamado a dominar una generación, la que debía suceder a Cristiano Ronaldo y Messi. Sin embargo, la historia tenía preparado otro destino para él. Cuatro Mundiales. Cuatro oportunidades para convertirse en leyenda. Cuatro historias marcadas por lesiones, decepciones y lágrimas. Porque mientras otros levantaban la Copa del Mundo, Neymar veía cómo su sueño se rompía una y otra vez. Esta es la historia de los cuatro Mundiales malditos del futbolista que debía reinar en el planeta y acabó convirtiéndose en uno de los grandes olvidados de la historia de las Copas del Mundo.
Los 4 Mundiales Malditos de Neymar
Fuera de Sudáfrica 2010
Paradójicamente, Neymar ni siquiera llegó al primer Mundial para el que parecía destinado. En 2010 era la gran sensación del fútbol brasileño. Había explotado con el Santos, maravillando al país con un estilo que recordaba al mejor fútbol de la samba. Muchos pedían su convocatoria para el Mundial de Sudáfrica, pero Dunga decidió dejarlo fuera por considerar que todavía era demasiado joven e inexperto. Brasil cayó eliminada en cuartos de final frente a Países Bajos y aquella decisión fue duramente criticada. Para millones de brasileños comenzaba oficialmente la era Neymar.
La esperanza de Brasil en 2014
Durante los cuatro años siguientes todo pareció confirmar que Brasil había recuperado a su gran estrella. Neymar conquistó la Copa Libertadores con el Santos, ganó el Premio Puskás, fichó por el Barcelona y terminó formando junto a Messi y Luis Suárez uno de los mejores ataques de la historia. Pero incluso antes de llegar al Camp Nou ya había demostrado de lo que era capaz. En la Copa Confederaciones de 2013 lideró a Brasil con cuatro goles espectaculares y destrozó a la España campeona del mundo en la final. Aquella noche el planeta entero quedó convencido de que el Mundial de Brasil 2014 iba a ser el torneo de Neymar.
Nunca un futbolista brasileño había soportado tanta presión desde Ronaldo Nazário. Todo un país depositó sobre sus hombros la responsabilidad de conquistar la sexta estrella en casa, sesenta y cuatro años después del Maracanazo. Neymar respondió desde el primer día. Marcó dos goles frente a Croacia en el partido inaugural, volvió a marcar ante Camerún y Brasil comenzó a depender completamente de su inspiración. Mientras otros compañeros sufrían para encontrar su mejor nivel, él sostenía prácticamente solo las aspiraciones de toda una nación.
En los octavos de final apareció una selección chilena que estuvo a centímetros de eliminar a la anfitriona. Brasil sobrevivió en los penaltis y Neymar volvió a asumir la máxima responsabilidad anotando el lanzamiento decisivo. Pero el verdadero drama todavía estaba por llegar.
Los cuartos de final frente a Colombia cambiaron para siempre la carrera del brasileño. En un partido extremadamente físico, Juan Camilo Zúñiga golpeó a Neymar con la rodilla en la espalda cuando el balón ya se había marchado. El delantero cayó inmediatamente al suelo incapaz de levantarse. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. La fractura de una vértebra lumbar le dejaba fuera del Mundial y, según reconocieron posteriormente los propios médicos, apenas unos centímetros separaron aquella lesión de consecuencias mucho más graves. El héroe de Brasil abandonaba la competición entre lágrimas.
Hasta ese momento Neymar había disputado cinco partidos y había marcado cuatro goles. Era el máximo goleador brasileño del torneo y el auténtico líder del equipo. Sin él, la selección se desplomó psicológicamente. Lo que ocurrió después forma parte de la historia más dolorosa del fútbol brasileño. Alemania destrozó a la Canarinha por 1-7 en semifinales en una de las mayores humillaciones que ha vivido una selección campeona del mundo. Muchos aficionados todavía se preguntan qué habría ocurrido si Neymar hubiera estado sobre el césped aquella tarde. Probablemente Brasil tampoco habría ganado aquel partido, pero la sensación es que nunca tuvo la oportunidad de intentarlo. El que debía ser el Mundial de su consagración terminó convirtiéndose en el primero de sus grandes golpes.
Líder de Brasil en los JJOO de Rio
Lejos de hundirse, Neymar respondió de la mejor manera posible. Regresó al Barcelona y firmó la mejor temporada de toda su carrera. Junto a Messi y Luis Suárez conquistó el histórico triplete de Liga, Copa y Champions. Marcó treinta y nueve goles, fue decisivo en las eliminatorias europeas y anotó incluso en la final de Berlín frente a la Juventus.
El delantero brasileño llegó al verano de 2016 en plena forma y afrontó los Juegos Olímpicos de Rio como todo un reto. Brasil nunca se había colgado el Oro Olímpico, pero Neymar logró que su selección se vengase de Alemania, tras marcar un golazo de tiro libre y anotar el penalti que daba la victoria definitiva a Brasil en la final.
A sus 24 años, Neymar iba camino de convertirse en el mejor jugar del mundo y muchos comenzaron a pensar que estaba preparado para convertirse en el mejor jugador del planeta cuando Messi y Cristiano dieran un paso atrás.
Sin embargo, la historia volvió a torcerse.
Del PSG a Rusia 2018
En 2017 tomó probablemente la decisión más discutida de toda su carrera. Abandonó el Barcelona para convertirse en el fichaje más caro de la historia tras aceptar la oferta del Paris Saint-Germain. Oficialmente buscaba salir de la sombra de Messi y construir su propio legado. Pero en París comenzó una etapa marcada por las lesiones justo cuando se acercaba el Mundial de Rusia.
La más grave llegó apenas unos meses antes del torneo. Neymar sufrió una lesión de tobillo que le obligó a pasar por el quirófano y sembró enormes dudas sobre su estado físico. Llegó al Mundial recuperado, pero muy lejos de su mejor nivel competitivo.
Brasil volvía a confiar en él. Era el líder absoluto del proyecto de Tite y el jugador alrededor del cual giraba todo el ataque brasileño. Sin embargo, el Neymar explosivo de 2014 había desaparecido. Seguía siendo decisivo, seguía marcando diferencias, pero ya no transmitía aquella sensación de futbolista imparable que enamoró al mundo cuatro años antes.
En la fase de grupos comenzaron también las críticas. Sus continuas caídas, las faltas recibidas y las exageradas reacciones sobre el césped terminaron convirtiéndose en uno de los grandes temas mediáticos del campeonato. Mientras él intentaba protegerse de las durísimas entradas de los defensores, internet lo transformó en un meme mundial. El foco dejó de estar en su fútbol para centrarse en sus gestos.
Y quizá ese fue el momento en el que empezó a cambiar para siempre la imagen pública de Neymar.
Aun así, Neymar terminó el Mundial de Rusia dejando números más que respetables. Marcó dos goles, repartió una asistencia y volvió a llevar a Brasil hasta los cuartos de final. Sin embargo, el destino volvió a cruzarse en su camino. Bélgica aprovechó los errores defensivos brasileños para colocarse con un 2-0 que obligó a la Canarinha a remar contracorriente durante todo el encuentro. Renato Augusto recortó distancias en la segunda parte y Neymar tuvo varias oportunidades para forzar la prórroga, pero se encontró una y otra vez con un gigantesco Thibaut Courtois. Brasil cayó eliminada por 2-1 y el segundo Mundial de Neymar terminó exactamente igual que el primero: con una enorme sensación de oportunidad perdida.
La decepción de Qatar 2022
Lo peor estaba por venir. Las lesiones comenzaron a convertirse en una constante. Cada temporada se repetía el mismo patrón. Neymar brillaba durante algunos meses, sufría una lesión importante antes de los momentos decisivos y veía cómo su equipo volvía a quedarse sin opciones en la Liga de Campeones. El futbolista más desequilibrante de Brasil empezó a perder continuidad justo cuando debía alcanzar la madurez de su carrera. Lo que parecía un problema puntual terminó convirtiéndose en una maldición.
Aun así, llegó a Catar 2022 convencido de que aquella sería su gran oportunidad. Con treinta años, experiencia acumulada y una selección mucho más equilibrada, Neymar afrontaba probablemente el Mundial más importante de toda su carrera. Él mismo reconocería después que pensaba seriamente en retirarse de la selección si no conseguía levantar aquella Copa del Mundo.
Pero el guion volvió a repetirse. En el primer partido frente a Serbia sufrió una dura entrada sobre el tobillo que provocó un importante esguince. Las imágenes de Neymar llorando en el banquillo mientras se quitaba la bota preocuparon a todo Brasil. Durante varios días se llegó a especular incluso con el final de su Mundial. Otra lesión. Otro golpe. Otra vez el peor momento posible.
Se perdió el resto de la fase de grupos y Brasil tuvo que aprender a sobrevivir sin su gran estrella. Cuando regresó para los octavos de final frente a Corea del Sur dejó claro que seguía siendo diferente. Marcó un gol, repartió fútbol y recordó al mundo que todavía podía decidir partidos importantes.
Entonces llegó Croacia. Los europeos plantearon un encuentro incómodo, de paciencia y desgaste, exactamente el tipo de partido que más sufría Brasil. Cuando todo parecía conducir a los penaltis apareció Neymar. En el minuto 105 protagonizó una jugada extraordinaria, combinó con Paquetá, dejó atrás al portero Livakovic y marcó uno de los mejores goles de toda su carrera con la selección brasileña. Era un tanto histórico. Igualaba a Pelé como máximo goleador de la historia de Brasil y parecía clasificar a la Canarinha para las semifinales.
Pero el fútbol volvió a ser cruel con él.
Apenas cuatro minutos antes del final de la prórroga, un disparo de Petkovic desviado por la defensa sorprendió a Alisson y terminó dentro de la portería. Croacia empataba el partido contra todo pronóstico.
La clasificación se decidiría desde el punto de penalti.
Y entonces ocurrió una de las imágenes más simbólicas de toda la carrera de Neymar. El brasileño ni siquiera pudo lanzar su penalti. El orden establecido por la selección le reservaba para el quinto lanzamiento, el decisivo. Sin embargo, Rodrygo falló el primero y Marquinhos estrelló el cuarto contra el poste. Croacia convirtió todos los suyos y la tanda terminó antes de que Neymar pudiera caminar hacia el punto fatídico. El líder de Brasil contempló la eliminación de rodillas, llorando desconsoladamente sobre el césped. Ni siquiera tuvo la oportunidad de intentar salvar a su selección.
Era difícil imaginar una forma más cruel de despedirse de un Mundial.
Una carrera truncada por las lesiones
Después llegó el final de su carrera en el PSG su breve aventura en Arabia Saudí y una grave lesión de ligamento cruzado sufrida con Brasil en 2023. Tras su recuperación regresó al Santos para intentar recuperar sensaciones. Muchos pensaban que su historia con la Canarinha había terminado definitivamente. Sin embargo, Neymar se negó a rendirse. Contra todo pronóstico Ancelotti le consideró en la última convocatoria y Neymar consiguió regresar a la Seleçao con 34 años para disputar su cuarta Copa del Mundo. Era un último baile, una última oportunidad de convertirse en el Rey que todos deseaban.
Sin duda, Neymar ya no era aquel joven explosivo de Brasil 2014 ni el futbolista capaz de decidir un partido con un regate imposible. Pero Brasil tampoco atravesaba su mejor época. Su convocatoria fue una petición al reclamo de la gente, un reconocimiento al último representante del Jogo Bonito. La ilusión de los brasileños estaba en la resurrección de Neymar...pero su maldición en las Copas del mundo volvió a castigarle. Ney se perdió los dos primeros partidos de la fase de grupos por problemas musculares y apenas pudo jugar 15 minutos en el último juego frente a Escocia.
Se quedó sin jugar en los dieciseisavos de final frente a la selección japonesa y regresó en el decisivo partido frente a la Noruega de Haaland. Su entrada en el campo, coincidió con el mejor momento de los vikingos, que golpearon dos veces con dos golazos del Androide. Brasil se despedía de la Copa del Mundo antes de lo esperado y Neymar tuvo el único consuelo de marcar el 2-1 con el que se despidió de la selección Canarinha. Un gol de clase que resumía su trayectoria con la Seleçao, llena de la alegría de verle jugar y la pena de las derrotas y lesiones que le han perseguido como Internacional.
Entre 2014 y 2026 disputó 18 partidos, marcó 8 goles y repartió 4 asistencias, participando directamente en doce tantos de Brasil. En 2014 firmó cuatro goles en cinco encuentros antes de la lesión frente a Colombia. En Rusia 2018 anotó dos tantos y dio una asistencia. En Catar 2022 volvió a marcar dos goles pese a perderse dos partidos. Y en 2026 añadió un último capítulo a una historia que nunca terminó de escribir como él había imaginado.
A pesar de todo, Neymar se retira siendo el máximo goleador de la historia de la selección brasileña con 96 goles, aunque definitivamente no será recordado por levantar la Copa del Mundo. Sino por las desgracias y el destino que se cruzó en su camino. Una vértebra rota en 2014. Un tobillo destrozado antes de Rusia. Otro tobillo lesionado en Catar y un gol triste y nostálgico que no sirvió para evitar la eliminación. Una tanda de penaltis en la que ni siquiera llegó a lanzar. Y un último Mundial en el que ya era demasiado tarde para cambiar la historia.
Durante más de una década Brasil esperó que Neymar devolviera a la selección al lugar que había ocupado con Pelé, Garrincha, Romário, Ronaldo o Ronaldinho. La presión fue gigantesca y las expectativas fueron imposibles de cumplir. Nunca consiguió ser campeón del mundo, ni siquiera se acercó a una final...pero nos dejó goles y momentos inolvidables...con la gran pregunta de saber que hubiera sido capaz de hacer en plenas facultades físicas.
Quizá esa sea la mayor tragedia de Neymar. Haber sido un futbolista extraordinario, que nunca pudo brillar en el mejor torneo del mundo.