¿Cómo puede una selección multicampeona del mundo, con 4 mundiales y 3 eurocopas estar haciendo un ridículo tras otro? Ya van 3 Mundiales seguidos sin llegar a octavos de final. Un equipo con Manuel Neuer, Kimmich, Florian Wirz, Musiala, Havertz...un plantel lleno de estrellas, pero al que le pesa el escudo de su camiseta en los momentos decisivos.
Y es que Alemania ha encadenado uno de los mayores desplomes que se recuerdan en la historia del fútbol. Eliminada en la fase de grupos en 2018. Eliminada otra vez en la fase de grupos en 2022. Y cuando parecía que en 2026 asomaba la cabeza... fulminada por Paraguay en la tanda de penaltis de los dieciseisavos de final. La pregunta ya no es si Alemania tiene una mala generación o sufre una mala racha. La verdadera pregunta es... ¿cómo ha podido derrumbarse una selección que durante casi un siglo fue la más admirada del fútbol mundial? ¿Se está convirtiendo Alemania...en la nueva Italia?
Hubo un tiempo en el que enfrentarse a Alemania en un Mundial era prácticamente una sentencia. No importaba si jugaban mejor o peor. No importaba quién estuviese delante. Cuando llegaban las eliminatorias... siempre aparecían. Competían y encontraban la forma de sobrevivir.
Y es que la selección Alemana es una de las más laureadas de la historia. La Mannschaft ha ganado 4 Mundiales y entre 1982 y 1990 se convirtió en la primera selección en llegar a 3 finales de la Copa del Mundo de forma consecutiva. Desde el año 1938, estuvo 80 años sin caer antes de los cuartos de final, nunca bajó del séptimo puesto y alcanzó 8 finales y 12 medallas mundialistas.
Campeón Mundial 2014
En Brasil 2014 era impensable imaginar un escenario como el actual. Y es que en aquella Copa del Mundo, Alemania alcanzó la perfección. Aquel equipo dirigido por Joachim Löw reunía experiencia, talento, disciplina táctica y una generación irrepetible de futbolistas. Neuer revolucionaba la figura del portero, Lahm era probablemente el lateral más inteligente del planeta, Kroos dominaba el ritmo de cada partido, Schweinsteiger representaba el sacrificio y Thomas Müller seguía apareciendo siempre donde más dolía al rival. Aquella selección destrozó a Brasil con el inolvidable 7-1 en Belo Horizonte y culminó su obra derrotando a Argentina en la final gracias al gol de Mario Götze en el tiempo extra. Alemania levantaba su cuarta Copa del Mundo y muchos pensaban que aquel sería el inicio de una nueva dinastía.
Pero, curiosamente, aquel fue el último gran día del fútbol alemán. Desde entonces, algo cambió y ya son 12 años sin títulos, más de una década de derrotas humillantes y eliminaciones vergonzosas.
El desastre de Rusia 2018
Cuatro años después, en Rusia 2018, la vigente campeona del mundo llegaba como una de las grandes favoritas. Conservaba buena parte del bloque campeón y nadie dudaba de que volvería a luchar por el título. Sin embargo, desde el primer partido comenzaron a aparecer síntomas preocupantes. México desnudó todas sus debilidades. La velocidad de Lozano y los espacios que concedía Alemania provocaron una derrota tan inesperada como merecida. Los campeones estaban contra las cuerdas desde el debut.
En la segunda jornada, Suecia estuvo a punto de consumar la tragedia. Alemania volvió a empezar perdiendo y solo sobrevivió gracias a una heroica remontada culminada con el espectacular lanzamiento de falta de Toni Kroos en el minuto 95. Aquella celebración dio la sensación de haber despertado al gigante. Muchos pensamos que Alemania había vuelto. Pero fue un espejismo.
Porque en la última jornada llegó uno de los momentos más humillantes de toda su historia. Alemania necesitaba ganar a Corea del Sur para clasificarse y, pese a monopolizar la posesión, jamás encontró soluciones. Los asiáticos golpearon dos veces en el descuento y enviaron a la campeona del mundo a casa. Era la primera vez que Alemania caía eliminada en una fase de grupos mundialista. Lo que parecía un accidente histórico terminó siendo el principio de una enfermedad mucho más profunda.
La debacle de Qatar 2022
Muchos pensaron que aquella eliminación serviría para reaccionar. Que una federación tan poderosa como la alemana corregiría rápidamente sus errores. Pero la realidad fue mucho más cruel. La federación germana nombró a Hansi Flick como seleccionador y el ex-técnico del Bayern se presentó en el Mundial de Qatar 2022 como una de las favoritas. El sorteo le deparó un grupo complicado, aunque perfectamente asumible para un equipo de su categoría. España, Japón y Costa Rica acompañarían a los teutones en aquella Copa Mundial. Sin embargo, el estreno volvió a ser un desastre. Japón remontó el partido en apenas unos minutos y dejó a Alemania nuevamente al borde del precipicio. Después llegó un meritorio empate a uno frente a España que mantenía vivas sus opciones, pero que le dejaba a merced de otros resultados. Todo dependía de la última jornada.
Alemania llegó a ir perdiendo por 1-2 con Costa Rica pero acabó remontando y cumplió derrotando por 4-2 a los Ticos. Pero aunque los jugadores celebrasen los goles, los alemanes tenían la vista en el otro estadio, donde necesitaban que España venciera a Japón. Durante unos minutos todo parecía encaminado. Morata adelantó a los españoles y los alemanes acariciaban los octavos de final. Pero entonces volvió a aparecer Japón y dos goles en apenas tres minutos que cambiaron el grupo por completo. Alemania hacía su trabajo... pero volvía a quedarse fuera de las eliminatorias. Segunda eliminación consecutiva en la fase de grupos. Lo de Rusia ya no podía considerarse un accidente. Lo de Alemania, ya se consideraba una crisis de identidad.
La sorpresa de Paraguay
La llegada del Mundial de 2026 parecía representar una oportunidad para cerrar viejas heridas. Manuel Neuer había regresado del retiro para jugar su última Copa del Mundo y con Julian Nagelsamann a los mandos, Alemania logró reconstruirse parcialmente. La Mannschaft alcanzó las eliminatorias tras golear por 7-1 a Curazao y vencer 2-1 a Costa de Marfil, aunque sufrió una inofensiva derrota ante Ecuador en la última jornada. Aquel partido no se tomó en cuenta, pero la remontada sudamericana pudo ser el germen que reabrió la desconfianza de un grupo frágil de confianza en este tipo de torneos.
Jugar los dieciseisavos de final debía suponer un alivio después de dos fracasos consecutivos. Pero la recuperación nunca terminó de convencer. El equipo seguía mostrando dudas cuando aumentaba la presión y el destino quiso cruzarla con Paraguay en las elimiantorias.
Los alemanes dominaron muchos tramos del encuentro, pero volvieron a evidenciar el mismo problema de los últimos años: demasiada posesión y muy poca contundencia. Paraguay se adelantó con un gol de Enciso, pero Kai Havertz igualó al inicio de la segunda mitad. Parecía que Alemania se acabaría imponiendo a los sudamericanos...pero los paraguayos resistieron y llevaron el partido hasta la prórroga para terminar por imponerse en la tanda de penaltis. Alemania volvía a marcharse antes de tiempo. No era una eliminación tan traumática como las anteriores, pero sí la confirmación de que Alemania había dejado de ser ese gigante competitivo que siempre encontraba la manera de sobrevivir.
Entonces surge la gran pregunta: ¿qué le ha pasado realmente al fútbol alemán?
La primera explicación es evidente. La generación campeona del mundo fue irrepetible y sustituir a futbolistas como Lahm, Kroos, Schweinsteiger, Hummels, Özil, Klose, Müller o Neuer se ha convertido en una tarea prácticamente imposible. Peso a ello, Alemania siguió produciendo buenos jugadores, pero dejó de fabricar leyendas capaces de decidir los grandes torneos. Y es que esto puede ser una realidad incómoda...pero ni Wirtz, ni Kimmich, ni Musiala ni Sané, ni Havertz han sabido liderar a la Mannschaft hasta la victoria.
La segunda razón es la pérdida de identidad. Durante décadas, Alemania construyó su éxito sobre una mezcla perfecta de disciplina, físico, agresividad y eficacia. En los últimos años intentó evolucionar hacia un fútbol mucho más elaborado y asociativo...pero los resultados dejaron de llegar. Pero el problema no fue cambiar el estilo, sino olvidar aquello que la hacía diferente. Alemania ya no intimida y dejó de competir con aquella fortaleza mental que la distinguía del resto. Algunos aficionados culpan a los jugadores de origen extranjero que han convertido a la selección en un equipo multicultural...aunque hace ya mucho tiempo que los alemanes dejaron de ser aquellos tíos altos y rubios con ojos claros.
La tercera explicación está relacionada con la formación. La cantera alemana continúa produciendo talento, pero muchos expertos consideran que ha perdido capacidad para generar líderes y futbolistas determinantes. Hay calidad técnica, pero escasean los jugadores con personalidad suficiente para asumir la responsabilidad en los momentos decisivos. Buena prueba de ello es lo que sucedió ante Paraguay en la tanda de penaltis. Se ha conocido que hasta 4 jugadores se negaron a lanzar y que Jonathan Tah se tuvo que hacer cargo del penalti decisivo. El resultado fue otro récord negativo, ya que Alemania perdió su primera tanda de penaltis en una Copa del Mundo.
Por último, quizá existió un exceso de confianza. Durante muchos años, Alemania creyó que su modelo era prácticamente perfecto y, mientras otras selecciones evolucionaban a gran velocidad, la Mannschaft reaccionó demasiado tarde. España y Francia le pasaron por encima y hasta Portugal ha ganado 3 títulos en el periodo de su sequía.
Nagelsmann reconoció que a día de hoy no son una selección de primer nivel y Rüdiger y Kimmich no se andaron con excusas. El que sí se quejó del árbitro fue Jürgen Klopp, furioso tras ver como le anulaban un gol a su selección. Curiosamente el ex-técnico del Liverpool se postula como el posible sustituto de Nagelsmann, aunque el verdadero problema no son únicamente los resultados.
La realidad es que Alemania ha dejado de provocar miedo. Antes, los rivales cambiaban su planteamiento cuando se enfrentaban a la Mannschaft. Hoy, muchos creen sinceramente que pueden eliminarla. Ese cambio psicológico explica mejor que cualquier estadística el tamaño del declive.
La selección alemana solía ser la selección más organizada y la mejor preparada físicamente, pero ahora se ha convertido en un equipo más. Un equipo de estrellas con buena técnica, que simplemente no congenian y que están lejos de competir en los momentos de la verdad.
La gran incógnita ahora es saber si la tetracampeona del mundo volverá algún día a ocupar el lugar que siempre le perteneció... o si estamos presenciando el final de una de las mayores potencias de la historia del fútbol.
¿Y tú qué opinas? ¿Cuál crees que es el principal motivo del fracaso de Alemania? ¿crees que Klopp puede ser la solución? Déjamelo en los comentarios, dale al Like si te ha gustado este repaso y no olvides suscribirte para más historias de nuestro fútbol. Nos vemos en el próximo vídeo.