LA CRÓNICA: Cristiano manda en la Capital

Semifinales de Champions, suena la musiquilla y el Bernabéu saca pecho de sus 11 copas. El coliseo merengue se pone guapo, de gala, sabe que en estas noches su camiseta blanca brilla más que nunca. En frente los vecinos enfurecidos del segundo piso, hartos de escuchar los ruidos de las juergas madridistas de finales de Mayo.

Tromba inicial

Suena el silbato inicial, comienza la fiesta, la lucha de corazones arrítmicos. El Real comienza agitando la coctelera, con Isco como metre principal. Los blancos quieren acción, movimiento.  Los jugadores atléticos apenas tienen tiempo para pensar, se mueven por impulsos de supervivencia (despejo por aquí, voy al corte por allá, córner…¡Atentos a Ramos!).

El Madrid insiste, sabe que ha agitado tanto la Coca Cola que la presión está a punto de hacerla reventar. 10 minutos tarda en saltar por los aires la chispa de la vida. Cristiano inicia la fiesta con un frentazo certero en su hábitat natural, el área (1-0).

Los jugadores atléticos cruzan miradas de incredulidad. Algo estaba fallando en el equipo del Cholo, que acude tímido al choque y poco certero en los despejes. Los blancos parecían hasta más afortunados en los rechazos, no son 12 pero en ocasiones lo parecen.

Con el tiempo los ánimos se calman, el Madrid piensa…(malo). El equipo de Zidane, como un funambulista, se mueve mejor en el alambre. Los blancos ofrecen su mejor versión cuando saben que no hay red, cuando se deja llevar por sus instintos. Sin usar la razón al final siempre acaba cruzando la cuerda, con o sin sobresaltos.

Los blancos pensaron como sostenerse y amagaron con caerse. No le ayudó el Atlético, que no le empujó a tiempo, cuando más titubeaba. Los rojiblancos (ayer de negro y amarillo) no aprovecharon alguna que otra indecisión merengue en zonas comprometidas. Al descanso 1-0, pocos goles y poco fútbol, se cumplía el guión.

Recorrido de Casemiro, Kroos y Modric durante el encuentro.

A la vuelta de vestuarios los colchoneros recordaron sus señas de identidad y por momentos sometieron al Madrid, que es cierto que se defendió sin sobresaltos. La defensa de los locales fue una roca para Griezmann, que apareció más en tareas defensivas que ofensivas. Ramos y Varane estuvieron soberbios e incluso la aparición de Nacho (por el lesionado Carvajal) le vino bien al conjunto madridista.

Con un Marcelo más tímido y temeroso en ataque de lo que es habitual, El trío Casemiro-Kroos-Modric sostuvo al equipo. Su recorrido es encomiable, abarcando todo el terreno de juego y propiciando las escasas salidas a la contra del Madrid. A Isco se le empezaba a acabar la gasolina, coqueteando con una posible expulsión por segunda amarilla. Zidane acaba dando entrada a Asensio, que aportó más frescura al ataque.

Cristiano desata la locura

El Atlético, animado por las buenas sensaciones iniciales, comenzó a descuidar su retaguardia. El cansancio también apremia y cada robo de los blancos suponía una amenaza para la meta de Oblak. El partido se movía en la indefinición hasta que apareció el que mejor define del planeta. Cristiano sacó provecho de un rechazo para convertirlo en una volea imparable para el meta rojiblanco (2-0).

El golpe es demasiado duro para un contrincante harto de que la fiesta siempre se celebre en casa del vecino. Para entonces los jugadores colchoneros ya solo obedecían a órdenes pasionales y el margen de acierto continuaba reduciéndose.

El Madrid resistía la avalancha de inconsciencia del rival e inició un contraataque vertiginoso tras una recuperación de Sergio Ramos dirigida por Cristiano hacia la banda derecha. La velocidad y frescura de Lucas le da chispa a la jugada, apurando línea de fondo y creyendo más que nadie que podía ser gol. Casemiro acompañó la jugada pero sabía que el remate no era la mejor opción. Detrás de él venía un jugador en declive, que a veces es silbado por su afición y que necesita el gol mucho más que él. Cristiano Ronaldo agradece el regalo y con una sutileza magistral cierra la fiesta al grito de ¡SIIIIIIIUUUUU! (3-0).

Otro hat-trick del portugués, que en su peor temporada de blanco ha marcado 8 goles en los 3 partidos más importantes del año. Hay que reconocer que con el tiempo Cristiano ha perdido las cualidades que le hicieron grande. Ya no tiene velocidad y regate pero a cambio ha aprendido a jugar al fútbol con la cabeza, para convertirse en leyenda.

Lejos de sus rabietas iniciales, Zidane nos ha permitido conocer al Cristiano más solidario. El que antepone el bien del equipo a sus récords personales, asume las rotaciones y es paciente con el sector más ingrato del Bernabéu (capaz de silbarle). Parece que hasta él mismo ha asimilado que su supervivencia pasa por no alejarse del área rival.

Este Madrid no juega un fútbol brillante pero la verdad es que compite como nadie. Necesita sentir el vértigo para ofrecer su mejor versión pero como los mejores equilibristas, nunca llega a tocar el suelo. Su supervivencia va ligada a un idilio nativo con la competición. A doble partido, en las finales, en color o blanco y negro. Da lo mismo. No hay ningún equipo que haya ganado dos Champions de forma consecutiva y si hay un equipo capaz de hacerlo es este, el Rey de Europa no quiere entregar su trono.

LA CRÓNICA: Cristiano manda en la Capital
Rate this post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *